Por: Isidoro Valenzuela M.

El puerto turístico sinaloense está resintiendo las pugnas internas de los grupos de delincuentes que se disputan la plaza; casi a diario los medios informativos registran muertes con armas de fuego, y algunos hechos sangrientos donde se excede la crueldad humana.

El esfuerzo que se realiza a través de retenes no parece intimidar a quienes han escogido como “modus vivendi” el asalto, la extorsión y el asesinato.

Quizá uno de los factores que están incidiendo en los escasos resultados en la lucha contra la delincuencia en el puerto mazatleco sea la escasa preparación de los agentes municipales para este tipo de tareas, pues se observa la falta de criterio para distinguir entre los ciudadanos pacíficos, y los que no lo son.

La falta de criterio policiaco para distinguir y mediar entre el ciudadano productivo y personas que buscan sacar ventaja de incidentes sin importancia que ellos mismos planean, favorece que vivales en su presencia amenacen y presionen por dinero a visitantes de otros lugares de Sinaloa, del país o del extranjero, alentando la cultura del chantaje y la extorsión abusiva.

De si están coludidos los agentes de la policía municipal de Mazatlán con integrantes del crimen organizado, habría que investigarse por parte de las autoridades, pues su actuación en casos como el referido, deja mucho que desear, pues permiten que ejerzan presiones abusivas sujetos que en motocicletas persiguen y amenazan a las personas que aciertan a pasar por la ciudad de Mazatlán en su trayecto hacia el sur o el norte de Sinaloa.

Un hecho reciente, la tarde del pasado 22 de marzo de 2016, sirve como testimonio de este tipo de comportamientos, pues agentes de la policía municipal de la patrulla 182 se dejaron sorprender o se prestaron a que dos jóvenes a bordo de una motocicleta Honda, Placas AEB7Z, exigieran reparación de daños de la pequeña unidad en que viajaban y de una supuesta camioneta que ellos habían impactado sin que hubiera habido tales daños, lo que fue confirmado por un agente de Tránsito que fue llamado para que interviniera en el conflicto. También se tomaron fotografías de la frágil unidad en distintos angulos.

Los municipales asumieron una postura a favor del conductor de la motocicleta, proponiendo que era justo se le pagara por los daños reclamados, sin hacer el más mínimo intento de confirmar si en verdad había tales afectaciones, teniendo la motocicleta a dos metros de distancia para hacerlo, la cual estaba totalmente intacta.

Este desinterés resulta demasiado sospechoso, pues ni siquiera solicitó a las partes su identificación para registrar el incidente en sus archivos por aquello de que hubiera alguna acción en contra de los visitantes al puerto, quienes quedaron expuestos a las exigentes amenazas del motociclista, cuyo comportamiento era exagerado, como si estuviera bajo los influjos de alguna droga.

A la explicación de que estos jóvenes motociclistas circulaban a exceso de velocidad y que ellos habían estado a punto de chocar la unidad de los visitantes al puerto de Mazatlán, y que el mayor de ellos amenazaba con sacar supuestas armas de fuego y simulaba disparar contra los paseantes para obligarlos a que detuvieran su automóvil y presentar sus exigencias de reparación de daños inventados, los agentes de policía se mantenían indiferentes.

Casos como el que se cita y que involucró al que escribe, seguramente se presentan con frecuencia en el puerto de Mazatlán, algunos hasta con desenlaces de abusos en perjuicio de turistas nacionales y extranjeros.

Si les falta más capacitación sicológica a los policías municipales para que puedan identificar y darle el justo trato al ciudadano honesto, contra sujetos que tienen mal vivir, en casos que pueden identificarse como de chantaje o extorsión, o si existe complicidad con grupos de delincuencia organizada, las autoridades del municipio porteño, del gobierno del estado y la federación tienen que investigar y actuar, pues el turismo mazatleco está resintiendo el acoso de este tipo de sujetos, que si de día y a los ojos de los policías realizan sus actos de intimidación, ¿qué no harán durante las noches?.

Las muertes que casi a diario registran los medios de comunicación, requieren de un “Cero tolerancia” por parte de las autoridades quienes debieran implementar el alcoholímetro para detectar conductores en estado de ebriedad y adictos a las drogas.

que seguramente tienen identificados a los delincuentes y por temor o por complicidad están permitiendo que operen libremente en Mazatlán, dejando indefensa a la sociedad.

Testigos de la imparcialidad en el proceder policiaco los hay. Por fortuna el criterio de un oficial de Tránsito logró desarticular la acción de los motociclistas al comprobar y hacerles ver que no había daños y por lo tanto tampoco delito que perseguir, decisión que no gustó a uno de ellos quien tomó fotos del automóvil y de los ocupantes, seguramente con la intención de seguir intimidando con posibles represalias posteriores.

Se hace responsable de cualquier acción, agresión del tipo que sea al que escribe y a la familia, a los agentes de policía de la patrulla 182 de Mazatlán del turno vespertino del viernes 22 de abril pasado, y a los motociclistas desconocidos, pues los agentes ni siquiera los quisieron molestar solicitándole alguna identificación y verificar si traía licencia para conducir la pequeña unidad.

Un informe de los hechos para conocimiento de sus superiores, era lo más indicado, y de paso sentar un precedente de un incidente que involucró a dos partes, donde una de ellas recurrió a evidentes y abiertas amenazas.

Si quieren que el puerto de Mazatlán deje de ser señalado en el resto del país y en el extranjero como un lugar inseguro, deben actuar en serio y con criterio de justicia, protegiendo al turismo contra el acoso y el abuso de personas que están instaladas y operando en la cabecera municipal y en los alrededores.

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