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Por. Isidoro Valenzuela

 Un sexenio más perdido para los hombres del campo. Las promesas de campaña relacionados con una reforma que haga justicia a los productores agrícolas de México no se han cumplido; se queda como deuda pendiente de cada gobernante. Todo parece indicar que el actual gobierno federal, que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto, dejará este pendiente a quien lo suceda en el cargo.

A los productores agrícolas de Sinaloa y del resto del país les queda claro que el gabinete del Presidente Peña Nieto no pudo con el paquete en los cuatro años que llevan en el cargo, y para ser sinceros existen dudas entre los hombres del campo de que encuentren la fórmula mágica que rescate de la pobreza al agro mexicano en los dos años que le restan.

La rectoría gubernamental en lo relacionado con la actividad agrícola no ha cumplido con el objetivo de generar un equilibrio en la economía estatal, regional y nacional, pues de todos los puntos cardinales a lo largo y ancho del país, están surgiendo campesinos desesperados por la actitud indiferente del gobierno.

No es solo el descontento magisterial lo que está generando marchas de la capital del país; también se están manifestando productores campesinos que están exigiendo atención de las dependencias federales.

Las organizaciones campesinas están demandando un trato justo en su actividad, y dejan evidencias del claro fracaso del gobierno federal respecto al rumbo que debe dársele a la economía del campo.

Ante la incapacidad manifiesta, los productores tienen que buscarle por su cuenta mercado a su cosecha de frijol y buscan acomodo a su cosecha de maíz.

En la zona de Mazatlán y Escuinapa, por citar dos ejemplos, se observa como la producción de camarón no va al mercado nacional ni de exportación, y se forman largas filas a orilla de carretera de vendedores en pequeña escala que ofrecen la producción del crustáceo de esa región de Sinaloa.

Lo mismo sucede en el municipio El Rosario, donde las familias de campesinos se sintieron obligados a salir a la orilla de carretera para ofrecer su producción de Ciruela y mango, con resultados extraordinarios para los productores y para decenas de personas que encuentran así una fuente de empleo informal y generan un mover temporal de la economía de esa zona.

Por la carretera México 15, entre Culiacán y Mazatlán, se observa a productores vendiendo frijol en bolsas de a kilo, y de tres o cuatro kilos, tratando de obtener el mejor precio por su producción del grano básico.

 Al paso que vamos en México tendrán que prescindir de la rectoría gubernamental en las distintas actividades productivas y cada productor tendrá que sacar su producción a ofrecerla al mejor postor, como lo hicieron años atrás los productores de frijol que se rebelaron contra el estricto control que ejercía el gobierno en relación al precio del grano que no les permitía cubrir ni sus costos de producción por hectárea.

Cansados de estar perdiendo dinero y de empobrecerse más y más, decidieron manifestarse, y luego de una serie de movilizaciones y plantones de protesta, que incluyeron la toma de casetas de cobro y cierre de carreteras, ganaron su libertad de vender al mejor postor su producción, y de 2 mil y 2 mil 800 pesos por tonelada, lograron de un solo salto ubicar el precio por encima de los 10 mil pesos, con movimientos de un mercado libre que fue forzado a pagar hasta 15 mil y 20 mil pesos o más.

Fue de esa manera como se sacudieron una tutoría que les era desfavorable a los productores del campo cuyo comportamiento ha evidenciado que favorece a los empresarios de insumos agrícolas que ponen los precios que les acomoda a sus intereses, trátese de semillas, fertilizantes, plaguicidas y demás, y a los industriales, que son los que se disputan la producción del campo en cada ciclo, y ofrecen el precio que desean y pagan en el tiempo que quieren, sin ningún temor ni rubor.

Pero eso sucede cuando les va bien a los productores, pues cuando les va mal, de plano los representantes o cómplices de los industriales, también llamados “coyotes”, se llevan la cosecha sin pagarla.

Esta situación prevalece todavía en nuestros días. Han pasado sexenios de gobiernos de dos partidos políticos, del PAN y del PRI, y de ninguno ha surgido una propuesta viable para la actividad del campo, y en cada uno de ellos se han presentado movimientos de protesta para llamar su atención en busca de una respuesta que dé certidumbre a la actividad agrícola.

En opinión de productores que han vivido de cerca las movilizaciones y pláticas con representantes del gobierno en los estados y a nivel federal, las autoridades si tienen gente capaz de generar una propuesta justa donde los diferentes actores involucrados en el mercado de los agro insumos, en la producción y en la industrialización puedan convivir y prosperar sin necesidad de quedarse y odiarse por trato desigual, pero tienen la impresión que los gobiernos carecen de interés por cumplir con su trabajo.

Quizá tengan razón y deben empezar los productores del sector social a olvidarse de que algún día, no al menos en este sexenio, el gobierno decida tomar las riendas y regular todo lo relacionado con el campo y terminar así con una muy añeja demanda, y organizarse en serio para dominar el mercado de granos en sus fases más elementales, la de los agro insumos y la de la comercialización, pues el de la producción ya al tienen bien aprendida y están cumpliéndole muy bien a México.

Si logran producir su propia semilla y su propio fertilizante orgánico; si dejan de depender de intermediarios en el mercado de agro insumos y buscan el trato directo con los industriales, o si crean sus propias industrias para participar en el mercado de productos terminados, podrán cambiar totalmente su economía.

Quienes lo han hecho, aunque en pequeña escala, están teniendo resultados a su favor. Si esto lo enfocan a mayor escala, también puede funcionar.

El sector privado ya está trabajando con esta visión y tienen ya un buen avance; faltan los productores del sector social, quienes se están rezagando demasiado, y como que ya es hora de que empiecen a organizarse en serio para tomar las riendas de su economía, pues la semilla que les están vendiendo la están produciendo o la pueden producir en sus propias tierras, y es su cosecha la que están entregando en manos de “coyotes” e intermediarios de industriales, de ahí que deben organizarse y buscar un trato más directo con los interesados en lo que producen y negociar mejores precios eliminando los molestos intermediarios.

En otras palabras, pueden tomar la sartén por el mango y poner sus condiciones en el mercado, y no al revés, como les sucede actualmente. Otros se están enriqueciendo con el trabajo de los campesinos, en tanto que ellos se empobrecen cada día más, y si quieren seguir sobreviviendo, tienen que recurrir a la ayuda del gobierno. La historia sin fin.

 

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