Por: Isidoro Valenzuela

Dice un dicho que no hay amor sin interés, y eso se aplica en muchas acciones del ser humano.

Voy a utilizar esta introducción para ilustrar lo que está aconteciendo actualmente en nuestro país ante la postura del nuevo presidente de Estados Unidos, el señor Donald Trump, en su relación con México.

Se ha creado en México un ambiente de alerta nacional y planteado un movimiento social-político encaminado a contrarrestar las acciones que anunció y ya emprendió el señor Trump y que obviamente perjudica a un país descuidado como el nuestro, dominado por la inercia.

Ante este escenario el paso a seguir es buscar quien puede encabezar esta movilización de masas, alguien que ponga el interés nacional por encima de su propio interés, y con lámpara en mano se dan a la tarea de hacerlo algunos de los más destacados conocedores del tema, pero se topan con pared, pues al llegar el presidente Enrique Peña Nieto, el indicado para cumplir con esta delicada misión, lo pesaron y no dio el peso deseado.

El señor Peña Nieto está enfrentando un nivel de falta de credibilidad por situaciones generadas en su gobierno, independientemente de su filiación partidista, pues el PRI resultaría favorecido si él fuera quien aglutinara a los mexicanos en esta movilización social planteada por diferentes voces, algunas autorizadas, y otras no tanto, pero que también gustan de opinar.

Está claro que el señor presidente de México sería el actor principal en este momento para erigirse como el líder insustituible en nuestro país, pero no mantuvo su sana distancia del partido que lo postuló y llevó a este cargo, de ahí que todo opera en beneficio de su imagen y fortalece su partido, y eso no quieren muchos que ya ven a un PRI fuera del gobierno para el 2018.

Pero quién puede encabezar este movimiento nacional?. Andrés Manuel López Obrador?. Tampoco puede, por su interés de ser presidente de México. Emerge Cuauhtémoc Cárdenas de entre las figuras históricas con autoridad moral para hacerlo, pero también quiere ser presidente de México, y sus seguidores se agrupan en torno de él por si dan el campanazo y logran ahora sí llegarle a la grande. Ante esta situación, tampoco el señor Cuauhtemoc puede ser la persona ideal para que aglutine en su entorno este sentir de los mexicanos.

Hay por ahí algunos pensadores de alto nivel que proponen que el Clero-Iglesia Católica sea el que encabece a los mexicanos para que canalice el sentimiento nacional, pero viene a memoria de muchos el pasado de abusos de la  Santa Inquisición y de su enriquecimiento, y en el presente abusos sexuales contra niños. Entonces tampoco la Iglesia puede encabezar esta lucha.

Unificar a los mexicanos en torno a un proyecto bien claro de nación es urgente.

La realidad es que México desde hace ya muchos años, no de ahora con el nuevo gobierno de Estados Unidos, requería un Nuevo Proyecto de Nación, lo que sucede es que llega alguien que rompe con los esquemas tradicionales de proteccionismo hacia el gobierno mexicano y hace que se tambaleen las estructuras sociales, políticas y económicas de nuestro país, y sale a flote por fuerza externa la emergencia nacional por tantos años mantenida oculta.

Alguien tiene que estar al frente de un movimiento nacional, pero no con acciones que vayan contra Trump, sino que haga un análisis general del pasado, presente y futuro de México en el contexto mundial, pues para muchos no queda claro si realmente el nuevo presidente de Estados Unidos es culpable de lo que nos pasa o si hay otros culpables de nuestra situación interna. Necesitamos tener claro si el enemigo está afuera o estamos siendo víctimas del “fuego amigo”.

Quien encabece a los mexicanos debe ser neutral y no visceral, pero principalmente debe renunciar a sus aspiraciones políticas y de todo tipo para que pueda ser confiable, y quienes lo rodeen también deben dejar claro su renuncia a todo tipo de interés personal, y su compromiso de luchar por el bien de México y los mexicanos, y no para sí mismo y para su grupo.

Al dejar de ser confiables las estructuras de gobierno, que incluye al Poder Legislativo envuelto en los últimos 20 años en escándalos de abuso de poder y enriquecimiento inexplicable, tiene que ser alguien externo, pero con reglas claras, con renuncias a intereses personales y partidistas.

Que lamentable que hayamos llegado a este nivel de descomposición social y política en un país tan querido por propios y extraños. Se tiene la solidaridad internacional, pero es por un sentir de hermandad entre los pueblos, pero están a los ojos del mundo lo que está pasando en nuestro país.

Ante  esta situación, debemos ser congruentes con nuestra realidad y ofrecer disculpas y cambiar, darle un rumbo y un destino a México, un rumbo y un destino que no tiene, y que debe establecerse y poner todo nuestro esfuerzo hasta lograrlo, con el señor Donald Trump, sin él y a pesar de él, porque México es mucho más que una coyuntura política internacional.

 

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