Por: Isidoro Valenzuela

Cuantas decisiones estarán tomándose y cuantas acciones se estarán llevando a cabo en perjuicio de los mexicanos en un país como México, que más bien debiera llamársele “El reino del mundo de al revés”.

Promesas de todo tipo a favor de los mexicanos vienen y van, y por lo regular no se cumplen, y para muestra un botón.

Ahí está la Reforma Energética, que supuestamente se estaba impulsando con la intención de favorecer a los mexicanos, a quienes beneficiaría con menores cobros por la energía eléctrica y que le permitiría al gobierno federal estar en condiciones de reducir precios de las gasolinas y el diesel.

Las funciones de gobierno constitucionalmente orientadas a la administración pulcra y honesta de los bienes del país en beneficio de los más de 100 millones de mexicanos, en los hechos operan financieramente una política de exprimidor de las riquezas naturales y de los bienes de los mexicanos que producen y aportan vía impuestos miles de millones de pesos, en beneficio de quienes integran el gabinete federal, estatal y municipal.

La tentación es mucha y pocos logran sustraerse a la invitación latente hacia el enriquecimiento ilícito estando ya en un puesto en cualquiera de los tres niveles de gobierno.

Ahí está la llamada “Casa Blanca” del actual presidente Enrique Peña Nieto; está el caso de gente de su gabinete que también fueron denunciados públicamente de poseer residencias de procedencia dudosa, pues hay empresas constructoras muy “dadivosas” que regalan casas y dinero sin nada a cambio, totalmente desinteresadas, quizá porque les sobra dinero.

Si “chuy”, como dirían las abuelitas. Del tamaño de sus “regalos” así son las obras y los recursos financieros que fluyen de las arcas de gobierno para enriquecer a unos cuantos empresarios que se desprenden de tales recursos a favor de los administradores de las arcas mexicanas. Que se mueve un poquito a nivel federal, estatal y municipal y se encontrará como ciertos personajes financian campañas políticas a cambio de obra pública, y en eso ya tienen muchos años, y son fácilmente identificables, pues se desviven en elogios para los gobernantes desde que se lanzan como candidatos a determinada posición, y se les ve muy pegaditos con los alcaldes, con diputados y senadores, con gobernadores y con los presidentes de la República de turno.

En “El Mundo de al Revés”, las crisis no afectan a los gobernantes, solo al resto de reino.

Se confabulan de tal manera quienes administran los recursos nacionales para hacer creer a conveniencia ciertas condiciones de la economía con una intención específica de obtener la aprobación de la sociedad, y en cada cargo están personajes que deben estar dispuestos a cumplir con un rol determinado.

Tenemos a un Agustín Carstens, en al Banxico, que de pronto anuncia que México, a quien denominaremos en este escrito el reino de “El Mundo de al Revés”, se encuentra en condiciones financieras estables y que puede enfrentar todos los peligros que representan los movimientos financieros mundiales, y de pronto señala lo contrario, y que nos preparemos para enfrentar una severa crisis.

En las legislaturas, donde se encuentran los representantes de los más de 100 millones de mexicanos, se autorizan sin ton ni son recursos para programas de gobierno que por lo regular no son auditados y cuyo destino final es beneficiar a grupos privilegiados del mismo gobierno o de sus familiares o amigos o compadres.

Si se requieren aprobaciones de ciertos programas que convienen al gobierno de turno, tales representantes populares, algunos de ellos con décadas ocupando este tipo de posiciones, presionan para recibir beneficios financieros, o negocian a su favor aumentos de sueldo o compensaciones por cumplir con su función, lo que obviamente solapa el que gobierna, como sucedió recientemente en el caso de regidores de Salvador Alvarado, que se “regalaron” 10 mil pesos sin más justificación que la de supuestamente merecerlo por los servicios prestados a los “guamuchilenses”, como si no tuvieran un sueldo lo suficientemente oneroso.

Y todo parece indicar que todos los integrantes de Cabildo Alvaradense le entraron a “La polla” sin remilgos, aún aquellos que presentaron ciertos rasgos de dignidad durante la actual “legislatura” municipal. No les fue difícil venderse la idea de que se merecían apropiarse de estos pesos.

¿De quién fue la idea?. ¿Quién la creó, la maduró y la vendió con tanta efectividad que prendió en el ánimo de los integrantes del Cabildo Alvaradense?.

Doña Liliana Cárdenas Valenzuela sale al quite pero solo para pintar su raya, exponiendo su congruencia en el decir y el hacer en la administración municipal que está por concluir este año, donde se redujo el sueldo y de compartir sus ingresos con decenas de personas a quienes financia becas de estudio.

Si bien es cierto los regidores forman parte del gobierno, aquellos constitucionalmente tienen independencia de la alcaldesa en la toma de decisiones, aunque finalmente ella puede y debe frenar las ambiciones de enriquecimiento irregular del pequeño grupo “legislativo”.

“Tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, dice el conocido y viejo refrán, y si Liliana Cárdenas ha mantenido un comportamiento digno al renunciar a parte de sus ingresos para beneficio de los alvaradenses, pudiera ser “castigada” políticamente por este reparto del dinero municipal del que hacen a su favor los regidores por no ejercer sus facultades gubernamentales.

De la danza de millones producto de la corrupción escandalosa que se observa en todo el país, donde unos cuantos se están llenando los bolsillos y acumulan bienes materiales a más no poder, se pudieran crear condiciones de real estabilidad económica en un país como el nuestro, donde las riquezas no se las han podido acabar tantas administraciones que han hecho y deshecho en el país desde los puestos de gobierno, aunque parece ser que el del actual sexenio “les da el 20 y las malas de ventaja” a los anteriores.

En “El Mundo de Al Revés” se enfrenta la crisis con una bonanza entre los gobernantes que todo parece indicar que tales condiciones financieras no existieran, como si los servicios públicos fueran de primera; como si ya no hubiera caminos y carreteras que pavimentar; como si ya hubiera agua potable en todas las comunidades; como si las actividades productivas estuvieran bien incentivadas; como si la rectoría del gobierno en todas las áreas productivas estuviera bien encaminada y se recibieran servicios de primera en las instancias del mismo gobierno.

En nuestro país viven los gobernantes como si el sueldo mínimo para los trabajadores hubiera quedado en el pasado y que hoy estuvieran accediendo a ingresos al nivel de los países desarrollados, los suficientes como para vivir dignamente, como lo establece la Constitución, y no ingresos de sobrevivencia, que apenas les sirve para no morirse de hambre a miles de familias mexicanas.

Mientras el salario mínimo se aumenta un 3 o un 4 por ciento, los regidores, diputados y senadores y gobernantes en turno “se sirven con la cuchara grande” del enorme pastel que se les pone enfrente al momento de ser electos “democráticamente” como representantes de los mexicanos.

Los regidores de Salvador Alvarado ya van a dejar sus cargos este año, pero si cumplieron bien ante sus “jefes” políticos, de ahí pasarán a otros departamentos donde también habrá pastel y lucharán por tocar la mayor tajada posible. Se estarán integrando a un ya numeroso grupo de personas que van por lo suyo, no por servir a los demás, que no pueden ser sancionados, porque la corrupción no se sanciona en este reino de “Al revés”, sino hasta se premia.

Para el que escribe urge la vigencia inmediata de la frenada Ley Anticorrupción, y ojalá que sea aplicable retroactivamente por lo menos en la última década, y que entre en vigor la “Revocación de mandato”, donde se pueda denunciar y sancionar la corrupción gubernamental

 

 

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