La calle Cuauhtémoc, recién rehabilitada y entregada como una obra “bien hecha” y “garantizada para muchos años”, volvió a hundirse, no en un solo tramo, sino en dos: entre las avenidas Carrasco y Guerrero y también en el cruce con la avenida Madero en el primer cuadro de la ciudad de Guasave.

Esto a pocos días de su inauguración, la vialidad presenta fallas que contradicen de manera directa la promesa de calidad, vigilancia y durabilidad que se afirmó durante su entrega oficial.

La obra incluyó pavimento de concreto hidráulico, reposición de la red de agua potable, descargas domiciliarias, banquetas y más de 400 metros lineales de tubería nueva.

Se invirtieron más de 8 millones de pesos, se trabajó sin anticipo y se aseguró que se cumplió estrictamente el plazo de 120 días para que comerciantes y vecinos recuperaran su movilidad antes de la  temporada navideña.

Sin embargo, los nuevos hundimientos revelan que algo no se ejecutó correctamente. La rehabilitación, que debía representar un ejemplo de orden y eficiencia, ahora exhibe fallas que generan preocupación entre la ciudadanía, especialmente después de que se insistió en que la obra fue vigilada minuciosamente y que “iba a durar muchos años”.

Comerciantes y vecinos, quienes soportaron meses de molestias, hoy enfrentan nuevamente incertidumbre, riesgos y posibles afectaciones económicas.

La realidad es contundente: una calle recién inaugurada no debería hundirse, y menos en dos puntos distintos. Guasave merece obras verdaderamente resistentes, no proyectos que se deterioran apenas después de ser entregados.

 

 

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