Por: Horacio Miranda | Sesión Abierta
El pasado miércoles, Canacintra Guasave celebró su cuarta reunión de agremiados con una asistencia que, para ser honestos, ya no es tan común en estos tiempos. La razón: la visita de la senadora Paloma Sánchez. Un evento que, aunque presentado como un ejercicio de diálogo y participación, terminó por revelar una vieja práctica muy conocida en el manual de la política tradicional: la búsqueda de legitimidad partidista a través de los organismos empresariales.
Y es aquí donde vale la pena hacer una pausa. ¿Cuál es el papel real de las cámaras empresariales hoy en día? ¿Siguen siendo órganos de representación que luchan por mejores condiciones para el sector productivo? ¿O se han convertido en vitrinas políticas para ciertos personajes con aspiraciones públicas?
Desde hace años, las llamadas cámaras empresariales —CANACINTRA, COPARMEX, CANACO, CANIRAC, CMIC, entre otras— han dejado de ser espacios de gestión efectiva para los empresarios. Su verdadera esencia, la de ser organismos intermedios entre el sector privado y los distintos niveles de gobierno, se ha ido diluyendo con cada intervención política, con cada evento que parece más un mitin disfrazado que una reunión de trabajo.
No es un secreto que muchos de sus dirigentes han usado estas plataformas como trampolines para sus carreras políticas. Basta recordar nombres como Julián Báez, Benjamín Ahumada, Tony Quiñones, Ricardo Ruiz, Leonor Espinoza, Amalia Leyva, Gabriela Zamora, entre otros. Algunos han brillado, otros apenas han circulado por el corredor, pero no todos han dejado buenos resultados tras su paso por cargos públicos. Y esto ha generado una desconfianza creciente entre los propios empresarios, que buscan soluciones reales a sus problemas diarios, no discursos llenos de promesas.
Volviendo al evento con la senadora Paloma Sánchez: sí, hubo participación, hubo inquietudes expresadas y, seguramente, se agradeció la visita. Pero hay que ser claros: hoy por hoy, el partido al que representa no tiene ni la fuerza ni los liderazgos necesarios para prometer mucho. Entonces, ¿cuál fue el verdadero beneficio para los agremiados? ¿Se consiguieron compromisos reales? ¿Se generaron gestiones concretas? ¿O solo se aplaudió por cortesía institucional?
Mientras tanto, los retos para los empresarios siguen ahí: trámites complicados, falta de incentivos, escasa vinculación con programas de apoyo, y una economía local que necesita más acción y menos discursos.
Las cámaras tienen que volver a ser lo que fueron: defensoras de la industria, promotoras del desarrollo, aliadas de sus agremiados. No es un tema de colores ni de partidos, sino de prioridades. Si seguimos confundiendo política con gestión empresarial, vamos a seguir perdiendo tiempo y oportunidades.


