*Durante meses fue ignorado como “riesgo”. Hoy cobró una vida. El profesor Píndaro murió tras caer en el socavón de la avenida Juan Carrasco en el centro de la ciudad de Guasave.
No fue accidente: fue la omisión, la negligencia y el silencio oficial. Lo que durante meses fue ignorado por el Ayuntamiento de Guasave terminó en tragedia.
La madrugada de este domingo 1 de febrero de 2026, el profesor del Ciidir-IPN Píndaro Álvarez Ruíz, perdió la vida tras caer al interior del socavón ubicado sobre la Avenida Juan Carrasco, en plena colonia Centro, una zona que desde hace meses había sido denunciada como un peligro latente.
Aunque el docente fue rescatado y trasladado de emergencia a un hospital, las lesiones provocadas por la caída fueron mortales, falleciendo horas después.
Su muerte no fue un accidente fortuito: fue la consecuencia directa de la negligencia y la omisión de las autoridades municipales.
El socavón, que con el paso del tiempo se transformó en una caverna subterránea, jamás fue atendido de manera formal. No hubo cierres oficiales, no hubo barreras de contención, no hubo señalización adecuada. Solo cintas y conos que desaparecieron con el tiempo y que por las noches resultaban invisibles para automovilistas y peatones.
El profesor Píndaro Álvarez Ruíz era integrante del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Unidad Sinaloa, del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Reconocido por su trayectoria académica, su vocación docente y su compromiso con la investigación científica, su fallecimiento ha generado consternación y luto en la comunidad Guasavense.
El CIIDIR Sinaloa lamentó públicamente su muerte y destacó su calidad humana, su profesionalismo y la huella que dejó en generaciones de estudiantes.
Hoy, esa comunidad pierde a un maestro; Guasave pierde a un ciudadano; y su familia pierde a un ser querido por una tragedia evitable.
La responsabilidad no es menor ni aislada. Es compartida y evidente:
• Tesorería municipal, por no aplicar recursos para atender un riesgo conocido.
• Obras Públicas, por no gestionar soluciones alternas, ni siquiera un crédito o convenio emergente para reparar el daño.
• Autoridades municipales, por permitir que un socavón peligroso permaneciera abierto durante meses en una vialidad transitada.
La omisión fue prolongada. La negligencia, grave. Y el resultado es una vida perdida.
Este hecho marca un antes y un después. El socavón de la Carrasco deja de ser una nota urbana para convertirse en un símbolo de la irresponsabilidad institucional.
Hoy no solo hay un hoyo en el pavimento: hay un vacío irreparable provocado por la falta de acción del gobierno municipal.
La pregunta no es si se pudo prevenir. Se pudo. Y no se hizo.
*Nos unimos a la pena que embarga a la familia del profesor. Un abrazo fraterno y solidario


