Por: Horacio Miranda
“Alba Virgen Montes mantiene influencia, la lideresa natural no toma el timón.”
Guasave, Sinaloa, 22 de agosto de 2025.- El Partido Sinaloense atraviesa en Guasave una etapa decisiva que bien puede marcar el inicio de su decadencia política en este municipio. Durante más de una década, Alba Virgen Montes Álvarez ha sido el rostro, la voz y la figura más representativa del pasismo local. Desde su primera incursión en 2013, Montes no ha dejado de estar presente en las boletas y en los cargos: actualmente es regidora, fue diputada en dos ocasiones, aspirante a la alcaldía, candidata a diversos puestos de elección popular y, en cada proceso, un engrane central de la estructura electoral del partido sinaloense.
Podrá decirse lo que se quiera de su estilo político muchos critican su dependencia de las plurinominales y su escaso arrastre en las urnas, pero lo cierto es que Montes encarnó el liderazgo natural de un partido que, a falta de más cuadros en Guasave, depositó en ella su confianza, su estrategia y, en buena medida, su supervivencia.
Sin embargo, en este 2025, la historia parece dar un giro inesperado. Aunque Alba Virgen se mantiene como regidora, decidió no asumir la presidencia del Comité Directivo Municipal del PAS en Guasave, un cargo que por lógica natural debería estar en sus manos. No es un detalle menor: significa que el partido se queda sin su principal referente al frente de la dirigencia, en el momento en que más lo necesita.
En su lugar, se perfila Humberto Valenzuela, médico de profesión y aspirante en su momento a la diputación federal. Su arribo como dirigente local representa, sin duda, un intento de renovación, pero también abre más dudas que certezas: ¿puede un perfil externo, sin militancia pasista de trayectoria, cohesionar a un partido acostumbrado a girar alrededor de una sola figura? ¿Tiene Valenzuela la estructura, la legitimidad y la visión para sostener en pié a este partido?
Las preguntas son inevitables, sobre todo cuando se observa el contexto: el PAS en Guasave ha sido más un vehículo de oportunidades personales que una plataforma sólida de representación ciudadana. Alba Virgen, sin duda, ha sido la más beneficiada de esa maquinaria. Dos diputaciones locales, candidaturas constantes y ahora una regiduría que le mantiene presencia política. En contraste, el partido ha sido incapaz de construir una base social amplia o de convertir sus votos en triunfos electorales contundentes.
Y aquí aparece la lectura incómoda: ¿por qué Alba Virgen, con toda la experiencia y el poder acumulado, decide no tomar la presidencia municipal del PAS? La respuesta más evidente es la del cálculo político: ella sabe que los tiempos que vienen no son fáciles para el partido. La marca está desgastada, las bases desmoralizadas y el electorado guasavense cada vez menos dispuesto a respaldar un proyecto que se ha vuelto repetitivo. Encabezar hoy al PAS en Guasave significa cargar con la responsabilidad de un fracaso casi seguro.
Así, mientras Alba mantiene su posición cómoda en el cabildo, quien deberá enfrentar esa tormenta será Humberto Valenzuela. Y no será sencillo. Tendrá que lidiar con una estructura debilitada, con militantes que reconocen a Montes como su verdadera lideresa, y con un escenario electoral adverso donde el pasismo ya no despierta pasiones ni entusiasmos.
Lo preocupante es que esta transición puede provocar una desbandada silenciosa. Sin el liderazgo firme de Alba aunque siga presente como regidora, el PAS queda a la deriva, entregado a un dirigente sin base ni trayectoria interna. El riesgo es que el partido se convierta en un cascarón vacío, útil solo para negociar posiciones, pero incapaz de generar competitividad real.
El futuro inmediato del pasismo en Guasave dependerá de dos factores: si Alba Virgen sigue operando desde las sombras para mantener control sobre su gente, o si Humberto Valenzuela logra, contra todo pronóstico, articular un liderazgo propio que no luzca como simple relevo decorativo.
Mientras tanto, el mensaje es contundente: la lideresa natural del PAS decidió no tomar el timón. Prefirió quedarse como pasajera y dejar que otro conduzca el barco en medio de la tormenta.
Y esa es la señal más dura para la militancia: cuando quien más se ha beneficiado del partido no quiere encabezar su dirección, es porque ya huele a derrota.
La pregunta que flota es inevitable:
¿Alba Virgen se baja del barco para no hundirse con él, o simplemente sabe que el naufragio del PAS en Guasave ya es irreversible?


