Una decisión ambiental bien intencionada ha traído consecuencias no previstas para un grupo particularmente vulnerable, como el de los abuelitos y abuelitas que trabajan como paqueteros en las grandes tiendas de autoservicio.

Desde hace tiempo algunas cadenas dejaron de proporcionar bolsas plásticas a sus clientes por lo que ya no hay paqueteros y es el mismo ciudadano quien tiene que empacar sus productos, sin embargo,  de las pocas tiendas de conveniencia en las que aún se ofrecía este servicio hace más de dos semanas han implementado el “No bolsas” lo que ha reducido drásticamente el trabajo de los adultos mayores y por ende los ingresos.

“Ya tenemos como 15 días que no dan bolsas, y la gente ya no necesita que le ayudemos. Algunos ni las gracias nos dan”, expresaron con resignación varios adultos mayores que se ganan la vida empacando los productos de los clientes en una tienda ubicada en la ciudad, quienes cumplen con su jornada normal de 3 horas que es lo que han trabajado siempre con o sin ganancia.

Los clientes, al no llevar bolsas reutilizables, optan por subir las compras de nuevo al carrito o cargarlas en las manos. Con menos necesidad de ayuda, los abuelitos ven cómo las propinas que antes recibían disminuyen o, en algunos casos, desaparecen por completo.

“Antes, aunque fuera poco, nos daban algo. Ahora ni eso”, comentó una señora, sentada en una junto a las cajas, quien observaba pasar los carritos con productos sin empacar.

Algunos compradores señalaron que una cajera les informó de manera extraoficial que en los próximos meses las bolsas podrían comenzar a venderse a dos pesos cada una. De confirmarse, esto podría suponer un leve alivio si los consumidores optan por comprarlas y con ello, vuelven a requerir el apoyo de los paqueteros.

De ser cierta la versión y de implementarse este costo por las bolsas de plástico, entonces ya no sería por temas ecológicos la suspensión de la entrega, más  bien sería la conversión de gratuidad a negocio, pues diariamente acuden decenas de consumidores a este tipo de tiendas.

La pregunta ahora es, ¿seguirá olvidándose la ciudadanía de sus bolsas ecológicas cuando cuesten dos pesos las de plástico? ¿Y qué pasará con quienes dependen de esa interacción diaria para llevar algo de dinero a casa?

Por lo pronto, los abuelitos paqueteros siguen ahí, con esperanza, sin extender su mano para recibir una moneda o al menos , una palabra de agradecimiento.

 

 

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