La actividad pesquera en la costa de Sinaloa atraviesa una grave crisis económica y social, tanto que ha comenzado a vaciar comunidades enteras. Lo que antes eran pueblos vivos, con redes tendidas al sol y motores encendidos desde la madrugada, hoy se están convirtiendo en zonas semiabandonadas, marcadas por el silencio, la inactividad y el éxodo de familias enteras.
Las causas son múltiples, pero todas convergen en un mismo punto: la falta de condiciones para sostener la pesca como un modo de vida digna. La veda prolongada de especies clave como el camarón, jaiba, mantarraya, peces, entre otras, ha paralizado la actividad por meses, sin que existan mecanismos de respaldo económico o empleo temporal que permitan a las comunidades subsistir en ese lapso.
A esto se suma un encarecimiento constante del combustible marino, la falta de subsidios para el mantenimiento de embarcaciones, motores y equipos de pesca, así como el deterioro de la infraestructura pesquera en muchos puntos del litoral. Todo ello ha vuelto inviable la operación para cientos de pescadores y cooperativas.
En este panorama, los campos pesqueros de Él Huitussi, El Caracol y El Coloradito en el municipio de Guasave, reflejan con claridad esta realidad. En estos puntos, la pesca no solo es la principal actividad económica, sino el eje que estructura la vida social, familiar y cultural de sus habitantes.
La parálisis del sector pesquero ha provocado que muchas familias opten por migrar, principalmente hacia zonas agrícolas del norte de Sinaloa y a estados del sur, y muchos pescadores emigran a los Estados Unidos de América donde encuentran trabajos temporales en el campo o la construcción.
La migración forzada, sin embargo, tiene un alto costo emocional y cultural. Los niños dejan la escuela, los adultos mayores quedan solos, las viviendas se deterioran con el abandono y se rompe el tejido comunitario. Los testimonios de quienes se quedan dan cuenta del impacto: muelles vacíos, pangas varadas, cooperativas cerradas y redes que hace meses no tocan el mar.
Los pescadores piden apoyos económicos mientras dura la veda, capacitación para empleos alternativos, inversión en infraestructura pesquera y, sobre todo, una revisión técnica y más equilibrada de los calendarios de vedas para evitar que estas paralicen por completo la vida en los campos.
Si no se actúa con urgencia, advierten los pobladores, el abandono será irreversible. Y con él no solo desaparecerá una fuente de ingresos, sino también una forma de vida ligada al mar, a la tradición y al esfuerzo diario de generaciones que han forjado la historia costera de Sinaloa.



